Slow Cities, nuevo concepto de turismo tranquilo

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En estos tiempos que corren, en los que la prisa y el estrés nos pisan los talones, no son pocos quienes se plantean unas vacaciones de verdadero descaso. Nada de viajar a un país lejano y enorme para estar todo el día para arriba y para abajo, con la lengua fuera, porque no nos da tiempo a conocer todo lo que señala la guía o a amortizar el precio del vuelo, sino buscar un lugar tranquilo, pequeño, y, a ser posible… ¡sin gente!

Bueno, quizá me he pasado un poco, aunque… que levante la mano quien no ha clamado en alguna ocasión: ¡Me voy a una isla desierta, y aquí os quedáis! Últimamente, la aspiración general del humano urbano es encontrar tiempo, lograr ir más despacio, encontrar la paz. Por eso cada vez cobran más fuerza conceptos como slow food, o slow cities, ideales para alcanzar la tranquilidad.

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El movimiento Slow Cities se ha organizado para certificar aquellas ciudades donde la obligación es optimizar nuestro tiempo, comer bien, disfrutar de la calma, vivir experiencias placenteras y cuidar del medio ambiente y del patrimonio. Vamos, lugares pensados para que disfrutemos de la vida, si no de manera continuada, al menos en vacaciones.

Una ciudad slow no puede tener más de 50.000 habitantes, y para ser reconocida como tal debe cumplir determinados requisitos, como, y aquí sí puedo decir que al fin alguien me da la razón, la prohibición de señales publicitarias abusivas. (Yo las quitaba todas). También tienen que haber llevado a cabo medidas para reducir al mínimo el tráfico, así como los ruidos y la contaminación. Y escribo esto mientras un coche hace sonar con insistencia el claxon bajo mi balcón, en el centro de Madrid. ¿Qué hago? ¿Bajo y le digo que siga él escribiendo este artículo, que ya le pito yo en la oreja?

Volviendo al tema, diremos que se pueden encontrar slow cities en Reino Unido, varios pueblos distribuidos entre Escocia, Irlanda e Inglaterra. El movimiento nació en Italia, cuando el que retomó la idea de slow food, (Y digo retomar porque así es como se comía de toda la vida, con calma) Carlo Petrini decidió otorgar este título a las ciudades de Bra, Greve in Chianti, Positano y Orvieto.

Por otro lado, ya son 70 las ciudades italianas que apuestan por la slow food, en contraposición a la fast food o comida rápida, y esta filosofía es precisamente la que se ha querido aplicar a la totalidad de las ciudades. De modo que ya sabéis, si queréis disfrutar de la paz en vuestro próximo viaje, pero el turismo rural os parece demasiado tranquilo, buscad alguna ciudad europea con certificado de slow city, y ya nos contaréis.

Imagen: Cooltownstudios
Vía: Locuraviajes