Ciudades fantasma (III): Prípiat, Chernóbil

Aretusa | 7 Noviembre 2009 – 19:58 No hay Comentarios Compartir
Prypiat 3 Ciudades fantasma (III): Prípiat, Chernóbil

Retomamos nuestro recorrido por ciudades fantasma, y hoy queremos acercarnos hasta Prípiat, en la región de Kiev, al norte de Ucrania. Esta ciudad fue la más afectada por el accidente ocurrido en la Central Nuclear de Chernóbil, lo que obligó a desalojar a todos sus habitantes y quedó tan y como hoy puede apreciarse en diferentes fotografías: detenida en el tiempo.

No sólo llama la atención por una ciudad abandonada de grandes dimensiones, sino que además Prípiat está condenada al abandono por toda la eternidad, o casi, pues se estima que la zona no será habitable hasta dentro de varios siglos por las concentraciones de elementos radioactivos, radiación que no desaparecerá por completo hasta dentro de 24.000 años. Inabarcable, ya lo sé.

Prípiat 1 Ciudades fantasma (III): Prípiat, Chernóbil

No obstante, hoy día Prípiat se puede visitar, aunque es recomendable llevar un dispositivo de detección de radiactividad que nos alerte en los lugares con exceso de radiación y no quedarse de noche. Existen zonas en las que se concentran grandes bolsas de radiación que es mejor evitar, y los interiores de los edificios son más inseguros es este sentido.

Si paseamos por sus desoladas calles podremos apreciar enormes edificios convertidos en ruinas que conservan en su interior enseres de la vida cotidiana que fueron abandonados a la carrera, desde muñecas a cajas de costura. Todo en Prípiat es hoy el fantasma de un ayer enterrado en el recuerdo. A cada paso los objetos se nos presentan cadáveres de lo que fueron en otro tiempo. Aulas de escuela, habitaciones de hospitales, graneros, incluso un parque de atracciones en el que aún se yergue el esqueleto de una gran noria, como queriendo alcanzar el cielo para dejar atrás el infierno de Chernóbil.

prypiat 4 Ciudades fantasma (III): Prípiat, Chernóbil

Quienes han visitado Prípiat dicen que lo más espantoso de todo es el silencio, que acaba por volverse ensordecedor. Algo que resulta tremendamente inquietante, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata del lugar más tóxico del planeta. En las guarderías los ositos de peluche, ya comidos por el moho, comparten espacio con las máscaras de gas.

En un paseo por el exterior, puede verse, aunque oxidados, diferentes carteles de la era soviética, que hoy le gritan su mensaje al silencio y a la desolación: “Los bosques son los pulmones del planeta”, “Cuidemos los árboles del fuego”, “Salud a los compañeros trabajadores de Chernóbil”. Escritos que no pueden contemplarse sin que nos asalte la mente cierta dosis de ironía. Todo en Prípiat resulta excesivamente macabro, tal vez sea porque nos recuerda la capacidad destructora que tiene el ser humano.

Imagen: Taringa; Novosti
Vía: Taringa



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